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El Liderazgo es una Decisión, no un cargo

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liderarVivimos en un mundo que cambia a  una velocidad que hace años era impensable. Cada día trae un nuevo reto que exige una respuesta recíproca. Cuando retos sucesivos incrementan los estándares, la tendencia es volver a viejos procesos y prácticas exitosas. El problema es que éstas ya no funcionan. De hecho, hoy nada es más desastroso que el éxito de ayer.

Hay sólo tres constantes en la vida: cambio, principios y elección de poder adaptarse y responder a las otras dos constantes. Lo imperativo es adoptar  principios permanentes –bondad, justicia, valentía, humildad, integridad, dignidad humana, generosidad, crecimiento, alineamiento y creación de valor- como nuestros valores fundamentales.

Esto nos permite adaptarnos y responder a las fuerzas de cambio inexorables y a las nuevas dinámicas de la economía global.

El liderazgo centrado en principios consiste en arraigar esos principios en el corazón y en la mente de las personas y luego en  la cultura, donde se infiltra y afecta todas las relaciones.  Los líderes  exitosos inspiran a su gente a tener una visión, un propósito y un conjunto de principios en común, dándoles un sentido de dirección claro. Desafortunadamente, muchos líderes tratan a la gente como una cosa e intentan controlarlos en lugar de dirigirlos para que desarrollen su potencial.

Son demasiadas las organizaciones que no aprovechan todo el talento y potencial de sus empleados, lo que impide que hagan una contribución significativa.  Sólo cuando vemos a las personas como seres humanos íntegros con inteligencia intelectual, emocional y espiritual, seremos capaces de tantear todos sus talentos.

En el trabajo, todos deseamos esencialmente las mismas cosas: paga justa (cuerpo), un trato amable (corazón), estar involucrados creativamente (mente), y que nos involucren en aspectos humanísticos (espíritu). Cuando las organizaciones crean oportunidades que tratan  las  cuatro dimensiones de sus empleados, se benefician de la  actuación  mejorada de la gente completa en trabajos completos. Disparan la enorme capacidad de su nómina, lo que les permite lograr la misión de la organización. La gente, consciente o inconscientemente, escoge determinado comportamiento que va desde rebelión hasta entusiasmo creativo, dependiendo del grado en que su situación laboral integra, respeta y equilibra todas  sus necesidades.

Seguimos atrincherados en un paradigma en el que el liderazgo es un cargo. Los  líderes se ven de acuerdo con su nivel de autoridad o título, y en este paradigma el poder recae sólo en los líderes que son vistos como los únicos capaces de crear nuevas ideas o solucionar problemas, pero el liderazgo no es ninguna de estas cosas.

El liderazgo es el arte más elevado, porque domina todas las demás artes, profesiones y esfuerzos. Cuando en verdad entendemos y aceptamos la realidad de que el liderazgo es una elección, somos capaces de cambiar la noción de liderazgo como cargo por la de liderazgo como influencia, y entonces así somos los líderes de las personas para quienes trabajamos –un obrero, un gerente, un plomero, un empresario independiente o una madre soltera-. El liderazgo es una decisión, no un cargo. Es un asunto de opción, de hacer que las cosas sucedan y de hacer una diferencia. Es asunto de todos.

Todos los líderes se dan cuenta que el verdadero éxito llega  si continúan haciendo las cosas que  funcionan y cambiando las que ya no lo hacen.

Autor: Stephen Covey 

 

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